¿Los padres pueden ser amigos de sus hijos?

19 de marzo de 2025

Son muchos los padres que consideran que la relación paternofilial es incompatible con la amistad (φιλια). Ello se debe a que consideran la amistad como un tipo particular de relación que deja al margen los deberes y obligaciones, y parte de estos deberes y obligaciones se dan en el entorno doméstico. Los padres deben criar y educar a los hijos, y éstos deben guardar ciertas normas de convivencia que incluyen obedecer, respetar y honrar a sus padres.

 

La amistad exige que los amigos se sitúen en un mismo plano de igualdad, lo que parece descartarla en las relaciones entre padres e hijos. Existe una jerarquía entre ellos que no debe ser obviada para no introducir un desorden en el hogar de consecuencias negativas (sólo en los espacios de juego, en los lúdicos, se borra sin riesgos esa desigualdad, y los padres adquieren una nueva identidad como rivales).

 

Siguiendo ese modo de ver las cosas, lo lógico parece separar la relación familiar de la amistad en ámbitos distintos para evitar que se mezclen, aunque esa forma de aislar las relaciones convierta la vida en una serie de secuencias sin una lógica narrativa común.

 

Pero el planteamiento clásico de la amistad es justamente el inverso al que hemos descrito, pues no presupone como condición de la amistad la existencia de cierta igualdad o la ausencia de obligaciones, sino que considera que la propia amistad iguala a los desiguales, haciendo innecesarias las obligaciones. La amistad es una correspondencia amorosa que puede animar y fortalecer cualquier tipo de relación sin dañar su propia índole, porque lo que más iguala a los amigos es su mutuo quererse (φιλεν)[i].

 

Pero Aristóteles, además, considera la existencia de lo que denomina “amistades de superioridad” (καθ´περοχν)[ii]. En este tipo de amistad se da cierta jerarquía entre sus miembros, que no deben exigir lo mismo los unos de los otros[iii]. Los superiores dan un tipo de bienes y reciben bienes de distinta naturaleza, de tal forma que así se consigue esa igualdad que es propia de la amistad.

 

Para el filósofo griego, todas las comunidades tienen como modelo la comunidad política de la ciudad[iv]. Entre los ciudadanos se da una amistad que él llama política (πολιτικ φιλα) o concordia (μνοια)[v]. Según él, hay tres tipos de regímenes políticos (además de sus respectivas corrupciones): la monarquía, la aristocracia y la república (πολιτεαν)[vi], y Aristóteles compara cada uno de estos regímenes con las amistades propias que se dan en el seno de la comunidad familiar.

 

La amistad entre padres e hijos se asimila a la monarquía porque en ella el rey beneficia a sus súbditos, y por eso Homero llama a Zeus “padre” [vii]. Pero si el padre es tiránico (Aristóteles pone como ejemplo al Rey de Persia), la relación es como la que existe entre el amo y el esclavo.

 

La comunidad entre esposos se asimila a la aristocracia, porque se distribuyen las funciones que a cada uno competen según sus excelencias (ρετα)[viii], y la comunidad entre hermanos o compañeros (λικιται) es como una república, porque son semejantes, equitativos, comparten sentimientos y caracteres, y se turnan en las iniciativas[ix].

 

Por lo tanto, al igual que los súbditos de un rey benefactor no pueden devolverle los bienes que reciben, los hijos no pueden devolverles a sus padres los bienes que han recibido de ellos, como la propia vida, la crianza o la educación, pero pueden compensar esa desigualdad pagándoles cierto tributo (πονμενος)[x] con el afecto, la gratitud, el respeto o la obediencia.

 

Pero hay otra forma más importante de compartir los bienes en el hogar: la confianza. Confiar es compartir la libertad delegándola en aquel en quien se confía. Es dejar que otro custodie los asuntos propios como si fuera uno mismo. Si los padres confían en sus hijos, la nivelación propia de la amistad se produce sin necesidad de dar ni recibir bienes distintos: sólo se precisa que el inferior devuelva esa confianza depositada en él no traicionándola.

 

Por otra parte, si queremos educar en la responsabilidad, es necesario compartir responsabilidades, delegar en los hijos parte de las responsabilidades propias de los padres que deben educarlos.

 

Así que los padres, no sólo pueden, sino que deben tratar de hacerse muy amigos de sus hijos.

 

Y, para terminar, una consideración que puede iluminar más este tema: una obligación que se cumple aunque no lo fuera, es una muestra de amor sin dejar por ello de ser una obligación, mientras que si se hace por obligación, no es una prueba de amor.

[i] EN1159a34-1159b2. Las citas de la Ética a Nicómaco de Aristóteles se harán con las iniciales EN seguidas de la numeración Bekker.

[ii] EN 1158b11.

[iii] EN 1158b23-27.

[iv] EN 1160a 8-9; 1160a20-21; 1160a28-29.

[v] EN 1167b2.

[vi] EN 1160a30-33.

[vii] EN 1160b23-28.

[viii] EN 1160b32-1161a4.

[ix] EN 1161a25-27.

[x] EN 1158b20-21.