Es otoño. Aunque hay días en que el sol juega a calentar como en verano, ya es inevitable: ha llegado el otoño. Los tonos cálidos nos lo recuerdan, al igual que los atardeceres a media tarde. Esta estación invita a bajar el ritmo, a observar cómo la naturaleza se recoge y se prepara para el descanso.
También en la educación podemos encontrar miradas que reconocen estos ritmos y los integran en la vida cotidiana. Algunas corrientes pedagógicas defienden una visión holística de la persona y del lugar que ocupa en el medio. Un ejemplo de ello son las escuelas Waldorf, que nos invitan a ordenar la vida de manera más natural y perceptiva. En esta época, los días se acortan y las tardes se vuelven más frescas, perfectas para regresar antes a casa, poner calma en nuestras rutinas y cultivar el recogimiento. Pero, ¿qué sucede con quienes convivimos con criaturas llenas de energía? ¿Cómo acortar las tardes de parque? ¿Qué podemos ofrecerles para acompasar su ritmo al de la naturaleza? ¿Cómo acercarles a la calma sin desatender su necesidad de juego?
Hoy lanzamos una propuesta para no dejar de jugar y aprender en casa, ¿es esto posible? No solo posible, sino también recomendable. El juego es el contexto natural para el aprendizaje, el medio para descubrir la realidad y para promover el desarrollo cognitivo y social de las infancias. Jugar siempre será una buena idea: jugar hablando, jugar mirándose, jugar riendo, jugar moviéndose, jugar tocando, jugar pensando, jugar en compañía con otras personas.
En casa podemos tener el espacio limitado, por ello la propuesta es jugar reunidas en torno a una mesa. Los juegos de mesa ofrecen multitud de posibilidades y, aunque en ocasiones el juego puede ser libre, hoy queremos darle un sentido y recoger algunos juegos que promueven, especialmente, la toma de decisiones. Esta competencia es fundamental para el ejercicio de virtudes como la prudencia o la justicia.
Los juegos que se mencionan a continuación van a permitir trabajar otras habilidades, pero la toma de decisiones es un aspecto central en ellos y por eso han sido seleccionados. Podremos reforzar tanto la dimensión cognitiva de la toma de decisiones (deliberación y juicio práctico) como la conductual (imperio), porque no se trata solo de pensar qué opciones tengo, cuál es más apropiada, etc., sino también llevarla a la práctica y reflexionar sobre mi acción y sus consecuencias.
- Little Fox. Te conviertes en un pequeño zorro veterinario que debe curar a otros animales según las posibilidades que te den los dados en varias tiradas. Añade el valor del cuidado a los demás, pues gana quien consiga curar a todos los animales. Es un juego rápido y que ocupa poco espacio, ideal para jugar a partir de 4 años.
- Pantolino. Eres un pequeño ciempiés que quiere crecer lo máximo posible, lo hace consiguiendo zapatos iguales según las elecciones que se hagan en las sucesivas tiradas del dado. Es similar al anterior, pero con un componente más competitivo, y se recomienda a partir de 5 años.
- El Rey de los dados. Cada persona trata de construirse un castillo, para ello se debe elegir la carta más adecuada según sea la tirada de dados. Se juega sin tiempo, por lo que invita a la toma de decisiones más reflexiva. Hay una versión estándar, con algo más de complejidad, que se recomienda para mayores de 8 años; pero también está la versión junior, que puede jugarse a partir de 4 años.
¿Has probado alguno de estos juegos? ¿Conoces otros que podamos añadir al listado? Déjanos un mensaje con tu opinión y otras recomendaciones, nos encantará conocer cómo los usáis en casa o en el aula.
Marta Lozano Martínez
Investigadora predoctoral
marta.lozano@unir.net
Referencias
Aristóteles. (2000). Ética a Nicómaco. Gredos.
Bruner, J. (1969). Hacia una teoría de la instrucción. Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana.
Steiner, R. (1996). El estudio del hombre (antropología pedagógica). Ediciones Rudolf Steiner.
Tomás de Aquino, S. (2001). Suma de teología. Biblioteca de Autores Cristianos (BAC).