Del lema al propósito: Como la investigación permite pasar de la declaración a la acción en los proyectos formativos

4 de noviembre de 2025

¿Alguna vez has leído con atención la visión o misión de tu colegio o lugar de trabajo?
¿Tiene palabras en latín, frases solemnes o ideales grandilocuentes?
¿Qué expresan realmente? ¿Y, sobre todo, qué tan presentes están en la práctica cotidiana?

En Chile y América Latina abundan los proyectos educativos institucionales con expresiones como: “ad maiora”, “in veritate”, “servire”, “virtus et labor”. Conceptos que inspiran, que resuenan y que prometen formar agentes de cambio, ciudadanos íntegros, libres y solidarios. Pero, al poco escarbar, se puede comprobar que entre lo que se declara y lo que se hace suele abrirse una brecha significativa. En particular muchas escuelas declaran formar en virtudes o valores, pero no siempre saben cuáles priorizar, cómo promoverlas de manera sistemática o cómo evaluar si están avanzando en el camino correcto.

Esa distancia entre la declaración y la acción no es un simple problema de coherencia institucional: es una brecha ética y pedagógica. Si educar en virtudes es importante estas deberían respirarse en cada decisión, desde la gestión hasta la enseñanza. Una misión clara y convincente es fundamental, pero no basta. Se necesita también un plan que permita traducir los ideales en acciones concretas, observables y sostenibles en el tiempo. Una virtud elegida como eje debe convertirse en criterio de acción: algo que guíe la práctica pedagógica, la cultura escolar (o ethos) y las relaciones humanas.

Por eso, las escuelas necesitan avanzar hacia planes claros y medibles, que combinen tres elementos: 1. Objetivos realistas, 2. Prácticas basadas en evidencia y 3. Sistemas de evaluación formativa. No basta con decir “queremos estudiantes más resilientes”; es necesario estudiar y definir cómo se manifiesta la resiliencia, en qué actitudes o comportamientos se refleja dentro de la escuela y qué progreso esperamos ver. Las acciones, además, deben apoyarse en la investigación. Hoy existe literatura y conocimiento sobre cómo se desarrollan las virtudes: la mentoría, el aprendizaje-servicio y las reflexiones guiadas son ejemplos de estrategias con resultados comprobados que impactan no solo desde lo formativo sino también desde lo académico.

Desde el UNIR Character Project, creemos que este desafío es central: movernos de la declaración a la acción, con rigurosidad, evidencia y propósito. Debido a lo anterior, nos dedicamos a acompañar colegios que están decididos en transformar sus misiones en planes concretos, entregándoles evidencia respecto al desarrollo de sus comunidades en virtudes como el propósito, la empatía, el autoconocimiento y la gratitud, entre otras. No se trata de tecnificar la virtud, sino de darle una estructura para que florezca y se ejercite, asegurándonos de que lo que declaramos sea efectivamente lo que vivimos y oriente nuestras decisiones cotidianas. De esta manera podremos aspirar a transformar las virtudes en una experiencia concreta de aprendizaje y convivencia, y no solo en un ideal escrito en las paredes del colegio y en los planes formativos.

¿Podría tu colegio trazar un mapa claro de las virtudes que declara formar?
¿Sabrían sus profesores y estudiantes cómo saber si están avanzando en ellas?

Francisco Moller Domínguez

Director UNIR Character Project

francisco.moller@unir.net