He trabajado durante muchos años como encargado de curso en un bachillerato de Tallinn, Estonia. Hace un tiempo, el problema de las ausencias sin justificar comenzó a ocupar un lugar desproporcionado en las reuniones de profesores y en las conversaciones de los encargados con sus clases. Era un problema real, sin duda, pero afectaba solo a un grupo concreto de alumnos y además, no agotaba, ni de lejos la realidad de la vida escolar. En ese contexto, una alumna me dijo un día una frase que no he olvidado. Con una lucidez sorprendente, Karmen comentó: «Profesor Chema, la ropa sucia se lava con agua limpia».
Desde entonces, esa imagen se convirtió en un elemento de referencia en mi brújula educativa. Porque es verdad: lo que no va bien en una persona, no se corrige a base de reproches reiterados. Se orienta, más bien, desde experiencias vividas de bien, de confianza, de reconocimiento. Incluso cuando el reproche es necesario, solo resulta verdaderamente educativo si se da en ese contexto de cuidado. No es casual que los principales modelos de educación del carácter pongan el acento en el desarrollo de la virtud más que en la mera erradicación de vicios (Arthur y Kristjánsson, 2022; Lickona y Davidson, 2005; Peterson y Seligman, 2004)
Actualmente estoy investigando, en el marco de mi doctorado, el valor educativo de las celebraciones y tradiciones escolares. Intento comprender cómo estas prácticas influyen en la cultura de los centros y en el crecimiento personal de los alumnos. Quizás —aunque no lo advertí al principio— aquella frase de Karmen tuvo algo que ver con la elección del tema.
Su intuición conecta de manera profunda con el pensamiento de Josef Pieper y su teoría de la fiesta. Para Pieper (2023), toda fiesta auténtica es una interrupción significativa de la rutina cotidiana: un respiro frente a la presión de las obligaciones, que abre un espacio para la contemplación y la afirmación gozosa de la bondad de la vida y del mundo en el reconocimiento de bien amado y reconocido como don. Muy bien comprendía el sabio zorro, en la obra de Saint-Exupéry, el valor de la fiesta en su ritualidad. Le explica al principito: “—lo que hace que un día sea diferente de los otros días; una hora, de las otras horas—” (2016, p. 64). En su mundo, los jueves eran especiales porque ese día los cazadores bailaban con las muchachas. Gracias al ritual, el tiempo ordinario se transformaba en tiempo significativo y el jueves en “un día maravilloso”. La Navidad y el Año Nuevo, en la familia y en la escuela, nos colocan cada año ante la posibilidad de renovar esa afirmación agradecida de la bondad del mundo. Lo hacemos con palabras, gestos, canciones y tradiciones propias de cada hogar y de cada comunidad educativa.
En casa, una mesa preparada con cuidado, los regalos, las canciones, una historia que escuchamos cada año como si fuera la primera vez, nos dicen sin necesidad de discursos: perteneces, eres esperado, necesitado, hay algo bueno que celebrar contigo. Incluso cuando el año ha sido difícil, cuando hay conflictos o cansancio. La fiesta no niega lo que cuesta; lo sitúa dentro de un horizonte más amplio de sentido.
En la escuela ocurre algo similar. Las celebraciones escolares —como la Navidad— con sus festividad, música y prácticas rituales, no son un “extra” decorativo al margen del currículo. Son espacios de expresividad moral: momentos en los que el tono, la atmósfera y la forma de estar juntos y celebrar educan tanto o más que muchas horas de clase (Jackson et al., 1993). Desde su antropología del ritual, Wulf subraya que esos rituales no solo hacen visibles nuestros valores, sino que también los producen. Al celebrar la amistad, la paz o la pertenencia, no solo las expresamos: las construimos. La confianza, el respeto y la alegría compartida no son ideas abstractas, sino realidades que nacen en la experiencia vivida, corporal y relacional de una celebración (Wulf et al., 2010).
Por eso, cuando una escuela —y una familia— cuida sus celebraciones, no está perdiendo el tiempo. Está creando las condiciones para que el crecimiento —también moral— sea posible. Está ofreciendo “agua limpia” para lavar pequeñas y grandes manchas: miedos, inseguridades, conflictos, cansancio, desánimo… No porque desaparezcan mágicamente, sino porque quedan envueltos en una experiencia de bien más fuerte y compartida.
Resulta natural que tantas familias y escuelas celebren la Navidad acudiendo a una iglesia. Pieper veía en la liturgia, de hecho, la forma más festiva de la fiesta. Y esto porque el acto litúrgico constituye una manifestación bella de la afirmación más radical posible de la bondad de la vida y del mundo: la alabanza a su Creador (Pieper, 2023). En Estonia, incluso en escuelas municipales y no confesionales, parte de la celebración navideña suele también tener lugar en una iglesia de alguna confesión cristiana. En el centro donde trabajo, alumnos, profesores y muchos padres se reúnen cada año para una liturgia-concierto, cuyo momento más esperado es la representación del misterio de Belén a cargo de los más pequeños.
Como el archivo videográfico del colegio ya acumula una larga historia, desde hace años puedo mostrar a los alumnos que terminan el bachillerato el misterio de Belén que ellos mismos representaron años atrás: alguien hacía de José, alguien de María, algunos eran ángeles, otros pastores; uno, el buey; otro, la mula… y muchos, ángeles y ovejas! En cada ocasión se ve en sus rostros una intensa emoción, que hace pensar que el recuerdo de una experiencia transformativa puede también significar un nuevo momento epifánico (Yacek y Gary, 2020).
Y quizá educar consista, al final, también en eso: en aprender a ofrecer, una y otra vez, agua fresca y pura.
Josemaría Camean
Investigador Predoctoral
chema@vhk.ee
Bibliografía
Arthur, J., y Kristjánsson, K. (2022). The Jubilee Centre Framework for Character Education in Schools. University of Birmingham.
De Saint-exupéry, A. (2016). El Principito. Biblioteca del Congreso de la Nación.
Jackson, P. W., Boostrom, R. E., y Hansen, D. T. (1993). The Moral Life of Schools. Jossey-Bass Inc.
Lickona, T., y Davidson, M. (2005). Smart y Good High Schools: Integrating excellence and ethics for success in school, work, and beyond. Center for the 4th and 5th Rs (Respect and Responsibility), State University of New York at Cortland.
Peterson, C., y Seligman, M. E. P. (2004). Character strengths and virtues: A handbook and classification. American Psychological Association.
Pieper, J. (2023). Una Teoría de la Fiesta. Rialp.
Wulf, C., Althans, B., Audehm, K., Göhlich, M., Sting, S., Tervooren, A., Wagner-Willi, M., y Zirfas, J. (2010). Ritual and Identity: The staging and performing of rituals in the lives of young people. Tufnell Press.
Yacek, D. W., y Gary, K. (2020). Transformative experience and epiphany in education. Theory and Research in Education, 18(2), 217-237. https://doi.org/10.1177/1477878520957276