Érase una vez… cuentos para el carácter.

19 de marzo de 2025

¿Alguna vez has pensado en el propósito de los cuentos? ¿Entretenimiento? ¿Transmisión del patrimonio cultural? ¿Inspiración? ¿Promoción de ciertos valores? Probablemente podríamos responder con cierto relativismo, aceptando un “depende” como válido. Yendo más allá, ¿podrían los cuentos formar las bases del carácter de los niños y niñas? Continúa leyendo para analizar conmigo cómo esto se hace posible empleando cierto género literario muy extendido.

Me estoy refiriendo en concreto a los comúnmente conocidos como Cuentos de hadas, veamos algunas particularidades de estos cuentos. Aunque resulte sorprendente, no tienen que aparecer hadas en ellos, aunque generalmente sí aparece algún ser o situación extraordinaria (además de hadas, duendes, animales que hablan, objetos encantados…). La estructura es quizá lo más reconocible, ya que inician con la tradicional fórmula “Érase una vez…” o similar, para dar paso a que los protagonistas se enfrenten a desafíos o problemas (visibilizando la lucha entre el bien y el mal), que podrán superar gracias a ciertas virtudes que aparecen de forma más o menos explícita (la valentía, la bondad, la humildad, la generosidad, la sabiduría, la justicia…), también se muestran las consecuencias de vicios como la codicia, la mentira o la crueldad. Algunos ejemplos fácilmente reconocibles son los cuentos recopilados por los Hermanos Grimm, los de Hans Christian Andersen, o los incluidos en Las mil y una Noches.

Aquí tenemos la primera clave, los y las protagonistas actúan como modelos o referentes para el aprendizaje. Niños y niñas se identifican con “el bueno” de la historia, despertando el deseo de asemejarse. Sólo esto es ya una experiencia maravillosa, por un lado, la distinción del bien y del mal, y, por otro lado, el deseo del bien. Las infancias van creciendo, modelando su carácter y su personalidad identificándose con el bien, aproximándose a la virtud. Steiner, Grahl y Lenz (2003) destacan que, para que esto suceda, hay una forma de narrar los cuentos: la persona que los cuenta debe saber mucho más acerca del trasfondo de la historia que el mero relato literal, y en esta persona debe haber un nivel alto de moralidad, no sólo en sus palabras, sino también en sus pensamientos y acciones. De esta manera, señalan los autores, habrá mayores posibilidades de que quienes escuchan cuentos de hadas lleguen a ser buenos hombres y mujeres.

Los cuentos despiertan inquietudes y desvelan misterios. La vida se descubre con cada página de un cuento y con cada historia contada. En nuestra sociedad, muy lejos de la slow-life, que expone a las infancias a un ritmo donde los estímulos se suceden demasiado rápido (cumplir horarios, actividades varias, presencia abrumadora de pantallas…), ¿qué lugar dejamos a los cuentos? Los cuentos resultan ser en sí mismos el estímulo más interesante, el que despierta las almas y las mentes, el que conecta a los pequeños con sus ancestros y suscita en ellos grandes preguntas.

Aparece de esta forma la segunda clave, el surgimiento de preguntas, algunas de ellas podrán ser respondidas, pero otras, deberán ser descubiertas. En ING Edicions (Galcerán y Noguera, 2024), editorial de referencia en la pedagogía Waldorf, explican magistralmente que los cuentos siembran en las infancias preguntas que, a menudo, no obtendrán respuesta inmediata. Pero estas mismas historias proyectarán en ellas imágenes y metáforas que alimentarán su mundo emocional, quedando en el recuerdo y permitiendo que surjan respuestas más adelante, facilitando el afrontamiento de problemas y de situaciones nuevas.

Además de las preguntas que genuinamente aparecen en los niños y niñas, podemos fomentar en ellos la reflexión moral ayudándoles a plantearse cuestiones como “¿por qué el personaje eligió ese camino?” o “¿qué habrías hecho tú en su lugar?” o “¿qué otras opciones tenía?”. Los cuentos permiten a niños y niñas explorar dilemas en un contexto seguro y simbólico, donde todo es posible.

Imagino que muchos de estos cuentos pertenecen al pasado, a nuestra infancia, pero si tienes la oportunidad, te invito a leerlos desde la madurez y con la perspectiva que da el tiempo para que me acompañes en esta reflexión: ¿reconoces alguna influencia de estas historias o personajes en tu propia historia? ¿qué recuerdos se despiertan al volver a leerlos y que, quizá, estaban aletargados? ¿Experimentas admiración por algún personaje que recuerdes con cariño? ¿Te gustaría que tus hijos o alumnado atesorasen este regalo que suponen los cuentos de hadas para la humanidad? Si es así, sugiero que incorpores alguna de estas joyas a la biblioteca personal de los pequeños que tengas cerca, ¿por cuál empezarías?

 Marta Lozano

Steiner, R., Grahl, U. y Lenz, F. (2003). La sabiduría de los cuentos de hadas. Editorial Rudolf Steiner.

Galcerán, A. G. y Noguera, I. (Diciembre de 2024). ING Edicions. https://www.ingedicions.com/