De las pantallas a la fortaleza: empoderando a padres y madres para la educación del carácter en la era digital

9 de febrero de 2026

Hace unos años, aparecieron y se empezaron a extender los dispositivos móviles (teléfonos inteligentes, tablets, etc.) a nivel global. Y ocurrió lo mismo con el uso de aplicaciones y redes sociales. Aparecieron de forma continuada: Facebook (2004), YouTube (2005), Twitter (2006), LinkedIn (2008), WhatsApp (2009), Instagram (2010) y TikTok (2016).

En el caso de la población adulta, esto supuso un hecho disruptivo sin precedentes al poder acceder a información valiosa para cuestiones profesionales, como en el caso de LinkedIn, por ejemplo. Así como para compartir proyectos e ideas innovadoras en diferentes ámbitos, de forma casi instantánea. Igualmente, supuso poder conectar con familiares y amigos, y acceder a contenidos de ocio, cultura, … De forma similar, en jóvenes y adolescentes se abrió un abanico de posibilidades inimaginables hasta entonces, pudiendo conectar con amigos al instante, compartir contenidos, gustos, aficiones, planificar, grabar actividades con otros usuarios, y un sinfín de combinaciones. Siendo así, el consumo de contenidos en algunas de ellas, como Instagram, Youtube o TikTok, está configurado y condicionado por los gustos y preferencias que cada persona almacena en sus dispositivos, consciente o inconscientemente, y que los algoritmos de este tipo de aplicaciones usan de forma dirigida, con un fin concreto: pasar el máximo de horas conectado a cada aplicación, consumiendo contenidos específicos 24/7.

Con el tiempo, diversos estudios (Kaminske et al., 2022; Mendoza et al., 2018; …) han demostrado que el uso excesivo del dispositivo móvil, incluso su sola presencia, reducen significativamente la capacidad de concentración, memoria de trabajo y productividad. Las notificaciones constantes y la multitarea fragmentan y descentran la atención, lo que provoca mayor ansiedad, fatiga mental y bajo rendimiento académico o laboral, generando:

  • · “Brain Drain” (o Drenaje Cognitivo): tener el teléfono a la vista, incluso apagado o en silencio, reduce la capacidad cognitiva disponible, ya que el cerebro gasta recursos en suprimir el impulso de revisarlo.
  • · Impacto en la Atención Sostenida: el uso de móviles en el aula o entornos laborales se asocia con un mayor uso de mecanismos cerebrales que se orientan a estímulos cambiantes, dificultando la concentración en tareas largas o complejas.
  • · Disminución en la Productividad y Rendimiento: el uso abusivo de pantallas disminuye la productividad laboral y el rendimiento académico, al añadir una tarea a la que se está realizando, lo que se traduce en una menor eficiencia y en un pensamiento más superficial.
  • · Adicción al “Nuevo” Estímulo: el cerebro se acostumbra a la estimulación constante de las pantallas, lo que dificulta la capacidad de centrarse en una sola tarea, provocando la necesidad de revisar el teléfono constantemente.
  • · Dependencia y Ansiedad: un estudio de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Colonia (Schmitgen, 2025) indicó que la abstinencia al móvil tras 72 horas genera patrones cerebrales similares a los de sustancias adictivas, evidenciando una fuerte dependencia. Además, el uso excesivo se vincula con ansiedad, depresión y trastornos del sueño.

Estos efectos, demostrados científicamente, están siendo tan preocupantes en las generaciones que han ido creciendo con el uso de estas aplicaciones, que a fecha de enero de 2026 numerosos países, respaldados por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), han prohibido por ley o han implementado medidas nacionales que restringen o prohíben el uso de dispositivos móviles en las aulas.

Si bien, estas medidas plantean un reto que no ha hecho más que comenzar, identificando así una necesidad urgente asociada a esos comportamientos de dependencia, ansiedad y adicción entre jóvenes y adolescentes. Muchos padres/madres/tutores, especialmente en familias con menos recursos, carecen de herramientas accesibles o de conocimientos necesarios para establecer límites saludables en el uso de pantallas, o para iniciar conversaciones constructivas sobre los medios digitales. Por tanto, ¿cómo hacer para que en estos entornos familiares se consiga minimizar o eliminar los efectos en la salud mental y en los factores socioemocionales y del carácter, de los jóvenes y adolescentes derivados de dicha prohibición? Y, además, ¿cómo resolver el escenario ante el que se enfrentan los padres/tutores?

Esta es una línea de investigación y, de transferencia directa de conocimientos a la sociedad, en la que el UNIR Character Project está avanzando, y cuyos resultados serán visible en los próximos años gracias a su participación en convocatorias nacionales e internacionales.

 

Óscar De Gregorio Vicente

Investigador Senior

oscar.degregorio@unir.net

Referencias bibliográficas

· Kaminske, A., Brown, A., Aylward, A., & Haller, M. (2022). Cell Phone Notifications Harm Attention: An Exploration of the Factors That Contribute to Distraction. European Journal of Educational Research, 11(3), 1487-1494.

· Mendoza, J. S., Pody, B. C., Lee, S., Kim, M., & McDonough, I. M. (2018). The effect of cellphones on attention and learning: The influences of time, distraction, and nomophobia. Computers in Human Behavior, 86, 52-60.

· Schmitgen, M. M., Henemann, G. M., Koenig, J., Otte, M. L., Rosero, J. P., Bach, P., … & Wolf, R. C. (2025). Effects of smartphone restriction on cue-related neural activity. Computers in Human Behavior, 167, 108610.

· Wazulin, L., Jamin, M., Andone, I., Blaszkiewicz, K., Reinhard, I., Eibes, M., … & Bach, P. (2025). Investigation of smartphone use characteristics underlying problematic smartphone use by dense longitudinal smartphone tracking. Computers in Human Behavior, 108766.