Ágoras y foros para pensar la Educación del Carácter

8 de julio de 2026

Desde la Grecia y la Roma clásicas, las sociedades civilizadas han generado espacios públicos de encuentro y diálogo. Lugares físicos donde la ciudadanía -o al menos una parte privilegiada de ella- acudía motivada por el atractivo de la conversación con los iguales. Con frecuencia ocupaban el centro de las ciudades como puntos geográficos de referencia donde se ubicaban mercados para el intercambio económico particular, pero donde también se dirimían cuestiones de interés común, donde se hablaba sobre lo público, lo político, lo de todos. Pilares de nuestra cultura y nuestra convivencia se gestaron en las conversaciones de estos lugares. En ellos se preparó el humus de la democracia y de la justicia, entre otros ideales del desarrollo humano y social.

No fue casual que los diálogos platónicos protagonizados por el maestro Sócrates fueran mantenidos en numerosas ocasiones en espacios abiertos, plazas, calles y caminos, testigos predilectos de la mayéutica y la filosofía. Así pues, no solo las bibliotecas, la Academia, fuera de los muros de Atenas, o el Liceo o escuela peripatética, eran los marcos que albergaban el acceso a la sabiduría, sino que compartían esta condición con otros espacios diversos donde lo público y lo privado convergen.

Más tarde, con la creación de las primeras universidades, desde Bolonia, París, Oxford y Salamanca, el diálogo académico se institucionalizó, como explica Vergara (2018) en forma de lectio, quaestio y disputatio, un método de estudio y formación intelectual que tenía en su forma escolástica tres fases. La primera consistía en el estudio exhaustivo o encuentro detenido con un texto, la apertura y receptividad ante nuevas ideas ante la esperanza de ampliar nuevos horizontes y expandir la propia visión del mundo. La segunda partía necesariamente de la primera y trataba de encontrar grietas o vacíos en las argumentaciones, basándose por ello en la duda y la necesidad de reconsiderar o matizar lo planteado sobre la dialéctica y la lógica aristotélica. Este segundo momento es el puente entre ideas, la polea mediadora que facilita mirar hacia el futuro abriendo nuevas sendas, que no solo reproduce lo ya existente, sino que es capaz de producir algo original, o lo que es lo mismo, el momento de la disputatio.

Recientemente, el catedrático Nicholas Burbules (2020), plantea en un inquietante artículo ¿Por qué publicar nuestras investigaciones? A lo que proporciona una primera respuesta basada en la propia identidad de los académicos, es decir, como una tarea connatural a nuestro oficio, a lo que somos. Esto es así hasta el punto de que deberíamos continuar haciéndolo aunque nadie nos leyera, algo bastante cercano a la realidad dado que en el ámbito de las ciencias sociales se estima que

el 80% de lo publicado no llega a ser leído. Junto a ello, quien fuera editor de la revista Educational Theory añade otros argumentos significativos como el hecho de que el proceso de escritura nos permite trabajar en nuestras propias ideas, elaborarlas, perfilarlas o incluso desecharlas ante la confrontación con argumentos contrarios. Sin embargo, la propia idea de universidad implica un sentido de comunidad caracterizada por el diálogo entre agentes diversos, internos y externos (Bernal, 2012), que puede darse por escrito, pero que se alimenta e incentiva con la palabra hablada y escuchada. La universidad contemporánea parece necesitada, de manera especialmente urgente, de espacios de diálogo e intercambio de ideas, como foros públicos o lugares en los que la voz debe ser escuchada en un marco ensanchado en sus limitaciones y restricciones, un contexto de libertad enriquecido frente al simplismo populista y a la divisiva polarización política. Esta polarización tiene el potencial de fagocitar el espíritu propiamente académico al silenciar los puntos intermedios de realidades poliédricas y convierte en superficial la conversación intelectual (Naval y Fuentes, 2026).

Por ello, cabe reivindicar la esencia de los espacios de encuentro universitarios, como verdaderas oportunidades para ejecutar el método escolástico en las tres fases descritas. Espacios que encarnan algunos de los 16 principios para el estudio del Aquinate basados en la comprensión profunda de lo leído y escuchado (nº 13), la resolución de las dudas (nº 14), el reconocimiento de las propias limitaciones o la humildad intelectual (nº 8 y 16), el bálsamo de la amabilidad en el trato con los otros (nº 8), o la búsqueda del recogimiento en el estudio (nº 5).

Especialmente en los temas complejos y en aquellos de más profundidad humana, en los que está en juego el desarrollo del carácter de los individuos, el bienestar social o la más alta forma de existencia, la universidad necesita de espacios en los que debatir, donde proliferen posturas diversas -incluyendo las opuestas- que supongan desafíos intelectuales de alta exigencia. Como señalaba Jean Guitton en relación al trabajo intelectual (1977):

Es beneficioso tener al lado al ser insolente que despierta vuestras partes débiles y que os obliga a buscar pruebas, el que ve oscuro lo que vosotros veis claro, para disfrutar mejor de lo que se posee o para atemperar nuestras certidumbres (p. 126).

Con este objetivo, listamos a continuación una decena de espacios nacionales e internacionales sugerentes que, sin ser los únicos posibles, poseen trayectorias variadas que encuentran en su razón de ser la conversación universitaria y son susceptibles de ejemplificar el Ágora o el Foro en torno al tema central de la comunidad investigadora en la que se ubica este blog.

Dr. Juan Luis Fuentes

Investigador Senior

juanluis.fuentes@unir.net

 

Referencias 

· Association for Moral Education: https://www.amenetwork.org/home

· Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación: https://filosofiaeducacion.org/alfe/

· Congreso Internacional de Filosofía de la Educación: https://filosofiadelaeducacion.org/ · European Character and Virtue Association: https://ecva-character.org/#Conferences

· International Network for Philosophers of Education: https://inphiled.wildapricot.org/Conference

· Jubilee Centre for Character and Virtues: https://www.jubileecentre.ac.uk/conference/annual-conferences/

· North American Association for Philosophy & Education: https://www.naape.org/en/conference

· Philosophy of Education Society: https://www.philosophyofeducation.org/Conference · Philosophy of Education Society of Great Britain: https://philosophy-of-education.org/annual-conference/

· Seminario Interuniversitario y Congreso Internacional de Teoría de la Educación: https://redsite.es

Bernal, A. (2012). La universidad como comunidad de diálogo. Bordón. Revista de Pedagogía, 64(3), 53–63. https://recyt.fecyt.es/index.php/BORDON/article/view/22036

Burbules, N. C. (2020). Why publish? Journal of Philosophy of Education, 54(3), 655-665. https://doi.org/10.1111/1467-9752.12436

Guitton, J. (1977). El trabajo intelectual. Rialp.

Naval, C. y Fuentes, J. L. (2026). Pensar el civismo en un contexto polarizado: desesperanza y confianza. Eunsa.

Tomás de Aquino, Sobre el estudio https://www.dominicos.org/espiritualidad/dominicana/testimonios/tomas-de-aquino-oracion-estudiar/

Vergara, J. (2018). ¿Qué es el método escolástico? Nueva Revista, https://www.nuevarevista.net/que-es-el-metodo-escolastico/#:~:text=El%20aprendizaje%20lo%20fundament%C3%B3%20la,la%20construcci%C3%B3n%20de%20la%20historia.